IN… TRASCENDENTES!

LA ECOSOCIOLOGÍA: EL PERFIL DE UNA DISCIPLINA ACADÉMICA

Por Pedro F. Hernández Ornelas

Profesor-Investigador ICSyH-UAP

El conocimiento del mundo de los humanos, desde “nuestro mundo” –el mundo de cada uno de nosotros- hasta lo que podemos saber del universo es muy limitado. La verdad de lo que conozcamos sobre él será siempre parcial. El despertar del Renacimiento, que llevó a poner en el centro de las preocupaciones humanas la duda sobre el saber de los humanos, trajo la evidencia como criterio para reconocer su verdad (existencia real), es lo que marcó la época llamada la modernidad. La característica mayor en ella ha sido la confianza suprema en la razón, cuando ante ella todo fenómeno se manifiesta de manera clara y distinta. En adelante, el saber de los humanos pretende ser registrado sobre la evidencia del hecho registrado de alguna manera por nuestros sentidos.

Tenemos que reconocer que la modernidad con su exclusividad por la evidencia no solo desterró del mundo la creencia ingenua y supersticiosa, si no muchas otras riquezas del saber antiguo (Carroll, 2012, p. 110). Se perdió todo un horizonte de conocimiento, el de los sentimientos y el de la lógica del corazón (Pascal, Pensamientos 42.2). En otras palabras, el hombre moderno, ayudado por los progresos del raciocinio y la técnica, sería capaz de aplicar su conocimiento a la multiplicación de productos de la nueva maquinaria textil y de comunicarse y transportar bienes, como nunca antes soñó, gracias a la máquina de vapor. Muy poco después, con los motores de combustión interna, a descubrir el aeroplano y a multiplicar incalculablemente la comunicación en el mundo. Sin embargo, por insistir en la evidencia perdió el contacto con el mundo de los símbolos y el mito, que son también pilares de la cultura humana.

La puesta en escena del pensamiento crítico, en la cual el hombre de la posmodernidad reconoce una deuda inmensa de gratitud con Hegel, recupera una de las bases ocultas detrás de los anhelos del saber humano. Sencillamente, la base más profunda del ser inteligente: la capacidad de preguntarse por el “sentido” de las cosas, el sentido de todo lo que existe. En otras palabras, la espléndida manifestación del pensamiento crítico. Lo que sigue a la modernidad, en la cultura, no es tanto la preocupación de la evidencia si no la preocupación por el sentido de nuestro mundo, lo que ocurre y lo que queda.

En este nuevo horizonte, es legítimo re-pensar en la renovación de los esquemas de la búsqueda del saber: en la reinvención de las disciplinas del conocimiento. Esto inspira, en mi caso, el interés por buscar los elementos para la construcción de una sociología de hermandad con la Naturaleza, una ecosociología: una nueva búsqueda de la complejidad de las relaciones humanas con el mundo de cada actor social, el universo personal y colectivo. Me parece que debiéramos reconocer algunos renglones de literatura clásica que en la antigüedad estaban ya preñados de la misma inquietud.

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