In… Trascendentes!

VOLVIENDO AL CAMINO DE REFLEXIÓN ACERCA DE UNA“ECO-SOCIOLOGÍA”

Por Pedro F. Hernández Ornelas

Profesor-Investigador, ICSyH-UAP

Volviendo al camino de reflexión acerca de la Sociología y el medio ambiente, lo que llamo una “Eco-Sociología”, debemos reconocer que el terreno de primer encuentro con lo que sea su problemática está demarcado –como territorio de trabajo mayor– por las premisas elementales y comunes de la sociología. Fundamentalmente, por las relaciones “sociales”: las del ser humano con los demás congéneres y con los elementos de la naturaleza.

Examinando las relaciones sociales -encontramos que el núcleo de la llamada sociología–, los orígenes de la relación social y su praxis:  la acción social, unidas a la crítica de su estructura y composición de elementos. Junto a eso, el quehacer de la mente humana -que nunca está sin el corazón y sus sentimientos- en la búsqueda de los supuestos y condicionamientos (la epistemología y la metafísica)  que hacen posible esa tarea… el camino mismo a la verdad; aquella verdad accesible al humano.

Como estudioso de la conducta (del ser humano) siempre me ha fascinado su despertar y su condición. La vida de toda persona se revela en actos; ellos, a su vez, reflejan una espiritualidad; la espiritualidad de cada uno de nosotros. ¿Qué es ella? Pienso que la espiritualidad es la manera en la cual cada uno de los seres humanos caminamos por el sendero de nuestro destino a lo largo el tiempo, mostrando a las comunidades de nuestro entorno, (voluntaria e involuntariamente) nuestras preferencias y relaciones en el mundo; el mundo de la naturaleza y el mundo del espíritu.

Ese mundo infinito tiene parcelas en número desconocido. Es ante todo y en su mayor parte, el territorio del “ser” desconocido, inasible, incomprensible en su profundidad, pero siempre cargado de una atracción que no podemos evitar ni esconder… irremediablemente, la capacidad de reflexionar, de preguntarnos por el “ser” y su “por qué”?, ¡es una ventana abierta al Infinito!

En “nuestro mundo”, el de cada persona, la orientación o preferencia personal por la búsqueda de la verdad, de manera profunda y al servicio del bien común,  es el hábitat de la espiritualidad de un académico y de todo científico. En ese camino, la brújula de orientación marca siempre nuestro compromiso mayor de toda persona. Con más razón, de todo universitario: la honestidad de la información encontrada y su transmisión desinteresada. Ese compromiso es liberador, revolucionario frente a todos aquellos que pretenden usurpar el poder de la verdad para violentar la existencia del ser humano…  y por ende, a todos aquellos que quieren aprovecharse del conocimiento para sojuzgar el mundo.

Nuestra mente y corazón, siempre acompañadas de la voluntad y el afecto, viven siempre como conciencia, plena conciencia. Ella es nuestro “ser en el tiempo”(Marx) que se revela siempre con una luz inocultable: la responsabilidad. La conciencia no tiene dos momentos en su origen: ser (y estar) consciente es ser humano. Y ser responsable de mi ser (personal y relacionado con otros seres) es igualmente ser humano. Su patria cósmica, el territorio de existencia del ser humano en el tiempo es la espiritualidad, la de cada uno, nuestra espiritualidad, en todo terreno de actividad. El único suelo del espíritu humano: allí donde siempre habrá el oxígeno de las relaciones (con otros humanos y con la Naturaleza) que son simplemente nuestra vida, la vida humana. En cierto modo, podemos decir que la materia misma cobra su sentido pleno, su significación para el “saber humano” en el terreno del espíritu, porque la energía del universo alberga materia y espíritu.

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NO TENER MIEDO

Por Pedro F. Hernández Ornelas

Profesor-Investigador, ICSyH-UAP

Un personaje singular ha sido electo Presidente de los Estados Unidos: la envestidura de ejecutivo del país más rico y militarmente más poderoso del planeta. Se trata de alguien bastante conocido por un registro de conducta que podríamos llamar de mediocridad de alta burguesía: conducta aceptada en sus círculos sociales de referencia como la de un hombre de negocios bastante exitoso, aunque cercano a los límites de lo cuestionable (baste recordar el manejo de una de sus quiebras más sonadas: un Casino en Nueva Jersey). Un personaje temperamentalmente espontáneo en su racismo y misoginia no menos que en la obviedad de la ausencia de compasión por el migrante y el marginado. Se antoja decir de un nacionalismo chauvinista y trasnochado. Alguien que tiene los aplausos que llegan al 1% más afortunado de los humanos, no precisamente desde los más pobres de sus congéneres, especialmente de los que son cercanos a él en el gozo de la fortuna: los que puedes agasajarse mutuamente en restaurantes de lujo y en las playas de moda alrededor del mundo.

Lo sorprendente es que esta persona, sin ninguna experiencia de trabajo político ni de gobierno y sin huellas de una mentalidad de haber organizado muchas cosas para el bien de algunas comunidades, fue electo por muchísima gente sumida en pobreza y una muy buena parte de la clase media que ha visto sus fortunas desvanecerse, precisamente por las políticas del neo-liberalismo contemporáneo, que ha bajado los salarios de todos los trabajadores y ha logrado quedarse legalmente con más de la mitad de todas las riquezas del planeta. Esta es la paradoja del momento.

No puedo dejar de pensar que un personaje como el señor Trump pueda llegar a ser otra cosa que un peligro para lograr armonía entre los países del planeta. Para comenzar no ha sido de lo más beneficioso para el mundo la experiencia de los hombres de negocios o los artistas que han llegado a gobernar un país. Los casos como el del Presidente de Checoslovaquia, Václav Havel; Ignacy Jan Paderewski, Presidente de Polonia; o Léopold Sédar Senghor en Senegal, son verdaderamente excepcionales. Por lo regular, el hombre de negocios, vive y crece con la mente puesta en el provecho de la empresa, no en el bien común que es la esencia de un gobierno.

En efecto, si la política es todo el entramado de relaciones y de diálogo para alcanzar la autoridad y el orden social de la comunidad, el gobierno es la gestión de esa autoridad a favor del bien común. Empresa y gobierno son complementarios pero nunca serán lo mismo. Entre las políticas de un gobierno debe darse la creación de empresas, o la ayuda a éstas, que hagan realidad las políticas del bien común, pero la gestión del bien común no es empresa, es el trabajo, el diálogo, la perseverancia en la procuración de lo mejor que la comunidad tenga a su alcance para el bien de la mayor parte de todos.

Un personaje que en más de 70 años no tiene en su registro de vida algo que lo identifique con el bien común, ¿qué sabrá hacer por esa causa? Ante la capacidad del armamento que los grandes países del planeta poseen hoy y ante la capacidad de uso de fuerza brutal que los gobiernos del mundo, prácticamente todos tienen en sus manos por su acceso a las armas, y su tolerancia con el crimen, lo que se despierta entre todas las ciudades del mundo, lo que aflige a los que no pertenecemos a ese 1% más rico del planeta es el miedo. Pero el miedo es muy distinto en la profundidad y en su superficie.

En la superficie, el mundo es de todos frente a la impotencia de responder con alguna capacidad de acción efectiva ante las arbitrariedades de gobiernos corruptos y de una partidocracia política que en muchos países tiene ya rasgos de parentesco con carteles de mafia. Estamos temerosos del poder y su arbitrio, y el miedo ensombrece hasta nuestra imaginación y debilita nuestras fuerzas para actuar en organizaciones civiles de manera más eficaz.

Pero hay un miedo más terrible, en la profundidad de nuestras vidas y en el silencio de su tiniebla. Un miedo que no siempre alcanzamos a ver: el miedo a nosotros mismos. Ésa es la raíz del temor en el que se fundamentan los poderes arbitrarios y dictatoriales de los que sojuzgan al mundo. Ese miedo es la polilla que va destruyendo nuestra comunidad. La fuerza de los humanos es nuestro “ser social”, solos no somos nadie. Solos no nos vamos a salvar. Necesitamos rescatar al planeta y luchar por una existencia más armoniosa y justa. Como reza el lema de uno de los movimientos más ambiciosos de nuestro México: “una vida en paz por la reconciliación”. El gobierno abandonado por el pueblo, si lo es así de verdad, se convierte, literalmente, en un tigre de papel, pero sí se necesita a la comunidad unida, que es casi una redundancia; si no hay unión, no hay comunidad. Pero no solo familiar, ni tampoco de caserío o de rancho. No. Debe haber comunidad de barrio, de nuestra calle o privada, o de la colonia, solamente así nace la comunidad de un pueblo que sostiene la comunidad de un estado que alberga muchos pueblos.

No está por demás recordar la primera visita del Papa Juan Pablo II a Polonia 8 meses después de su elección. Un gobierno comunista, títere de Stalin, había prohibido terminantemente toda manifestación de fe religiosa en público. Una de las primeras acciones del Papa en su tierra natal fue a anunciar que celebraría misa en un campo cercano a la ciudad. La gente que se atreviera a asistir a esa misa lo haría con el miedo profundo de perder su cupón de alimentos, la escuela de sus hijos y/o su trabajo. No eran menores las penas impuestas por el gobierno a la infracción de sus órdenes… ¿Tenemos idea de cuánta gente se atrevió a ir a dicha misa? A las primeras horas de la mañana aparecieron grupos pequeños de algunos católicos que se atrevieron a acercarse al lugar de la misa. Pasaron las horas y cuando el Papa celebraba la misa, se habían reunido allí un millón de personas. ¡El doble de los habitantes de Cracovia! ¿Sabemos cuáles fueron las primeras palabras de la elocución papal? “No teman… Pero ante todo, no teman unos a otros”.

Esa gran lección de la historia nos recuerda que el miedo, que realmente paraliza al ser humano, es el miedo al prójimo. Y por ese miedo al prójimo se encaraman sobre las comunidades la delincuencia y la corrupción que, finalmente, logran instalar la impunidad de los que mandan atropellando. Si buscamos la armonía, la tranquilidad y la mayor felicidad en este mundo, no debemos temer. Esto, antes que otras cosas, nos lo debe recordar a todos la experiencia de la pasada elección en Norteamérica.

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LA ECOSOCIOLOGÍA: EL PERFIL DE UNA DISCIPLINA ACADÉMICA

Por Pedro F. Hernández Ornelas

Profesor-Investigador ICSyH-UAP

El conocimiento del mundo de los humanos, desde “nuestro mundo” –el mundo de cada uno de nosotros- hasta lo que podemos saber del universo es muy limitado. La verdad de lo que conozcamos sobre él será siempre parcial. El despertar del Renacimiento, que llevó a poner en el centro de las preocupaciones humanas la duda sobre el saber de los humanos, trajo la evidencia como criterio para reconocer su verdad (existencia real), es lo que marcó la época llamada la modernidad. La característica mayor en ella ha sido la confianza suprema en la razón, cuando ante ella todo fenómeno se manifiesta de manera clara y distinta. En adelante, el saber de los humanos pretende ser registrado sobre la evidencia del hecho registrado de alguna manera por nuestros sentidos.

Tenemos que reconocer que la modernidad con su exclusividad por la evidencia no solo desterró del mundo la creencia ingenua y supersticiosa, si no muchas otras riquezas del saber antiguo (Carroll, 2012, p. 110). Se perdió todo un horizonte de conocimiento, el de los sentimientos y el de la lógica del corazón (Pascal, Pensamientos 42.2). En otras palabras, el hombre moderno, ayudado por los progresos del raciocinio y la técnica, sería capaz de aplicar su conocimiento a la multiplicación de productos de la nueva maquinaria textil y de comunicarse y transportar bienes, como nunca antes soñó, gracias a la máquina de vapor. Muy poco después, con los motores de combustión interna, a descubrir el aeroplano y a multiplicar incalculablemente la comunicación en el mundo. Sin embargo, por insistir en la evidencia perdió el contacto con el mundo de los símbolos y el mito, que son también pilares de la cultura humana.

La puesta en escena del pensamiento crítico, en la cual el hombre de la posmodernidad reconoce una deuda inmensa de gratitud con Hegel, recupera una de las bases ocultas detrás de los anhelos del saber humano. Sencillamente, la base más profunda del ser inteligente: la capacidad de preguntarse por el “sentido” de las cosas, el sentido de todo lo que existe. En otras palabras, la espléndida manifestación del pensamiento crítico. Lo que sigue a la modernidad, en la cultura, no es tanto la preocupación de la evidencia si no la preocupación por el sentido de nuestro mundo, lo que ocurre y lo que queda.

En este nuevo horizonte, es legítimo re-pensar en la renovación de los esquemas de la búsqueda del saber: en la reinvención de las disciplinas del conocimiento. Esto inspira, en mi caso, el interés por buscar los elementos para la construcción de una sociología de hermandad con la Naturaleza, una ecosociología: una nueva búsqueda de la complejidad de las relaciones humanas con el mundo de cada actor social, el universo personal y colectivo. Me parece que debiéramos reconocer algunos renglones de literatura clásica que en la antigüedad estaban ya preñados de la misma inquietud.

IN… TRASCENDENTES! *

UNA VISIÓN SOCIOLÓGICA ANTE EL DESARROLLO INTEGRAL DEL HUMANO

*“hacia las cosas que trascienden” (lat.)

Por: Pedro F. Hernández Ornelas

Profesor-Investigador ICSyh-BUAP

Como estudioso de las relaciones sociales —el núcleo de la llamada sociología—, el origen de la acción social y el quehacer de la mente humana (que nunca va sin el corazón y sus sentimientos) me ha fascinado siempre. Algo sobre su despertar y su condición. La vida de toda persona se revela en una espiritualidad; la espiritualidad de cada uno de nosotros. ¿Qué es ella? Pienso que la espiritualidad es la manera en la cual cada uno de los seres humanos caminamos por el sendero de nuestro destino a lo largo del tiempo, mostrando a las comunidades de nuestro entorno (voluntaria e involuntariamente) nuestras preferencias y relaciones en el mundo del espíritu. Ese mundo infinito tiene parcelas en número desconocido. Es el territorio del “ser” desconocido, inasible, incomprensible en su profundidad, pero siempre cargado de una atracción que no podemos evitar ni esconder.

Nuestra mente y corazón, siempre acompañadas de la voluntad y el afecto, viven siempre como conciencia; plena conciencia. En toda persona ella es nuestro “ser en el tiempo” (Marx) y se revela siempre con una luz inocultable: la responsabilidad. La consciencia no tiene dos momentos en su origen (ideal y actual): ser (y estar) consciente es ser humano: es ser responsable de mi ser entero (personal y relacionado con otros seres). Su patria cósmica, el territorio de existencia del ser humano en el tiempo, es la espiritualidad, nuestra espiritualidad. Ese es el único suelo del espíritu: allí donde siempre habrá el oxígeno de las relaciones con otros humanos y con la Naturaleza, que son simplemente nuestra vida. Podemos decir que la materia misma cobra su sentido pleno, su significación para el “saber humano”, en el terreno del espíritu, porque la energía del universo alberga materia y espíritu.

Otra aclaración acerca de mi interés de trabajo. Pensando a lo largo de los años sobre la energía del cosmos y el desarrollo integral del ser humano, vino a llenar el horizonte de mis intereses una nueva luz que, a mi entender, nos revela nuestra condición (humana) de guardianes y administradores de los eco-sistemas que sostienen nuestra vida en el planeta.

En el lenguaje académico, esto significa la incorporación del metabolismo humano en toda área del saber de las relaciones sociales, como una suerte de hilo conductor que da energía a los pasos de nuestra v ida en la convivialidad con otros seres y con los demás elementos de la Naturaleza.

En los últimos años, a partir del 2008, a mi preocupación y reflexiones se incorporó también el tema de nuestra frágil condición humana y sufrimiento, especialmente relacionado a la enajenación (entaüsserung, al.) de la vida y el trabajo que hoy sufrimos. El procuramiento sin límites de la riqueza es algo que enferma a la humanidad entera: minorías de super ricos que manejan al resto de los pueblos con el señuelo de una posible vida de felicidad por poseerlo todo.

Ese desposeimiento de “lo más propio o más querido” de nosotros, que en su interior reconocemos como la dignidad de la vida, tiene muchas formas en las diversas culturas del planeta, pero está presenta en todas ellas. Me parece que la sociología no solo debe incorporar plenamente (incorporarse ella misma) en la dinámica del pensamiento crítico que marca la posmodernidad, sino también en la conciencia y recurso del análisis fenomenológico del conocimiento. Tengamos siempre en cuenta que, lo que nos deslindó radicalmente del pensamiento moderno es que a diferencia de la inquietud suprema de los siglos pasados por la evidencia de los hechos y la fe en nuestra percepción racional (“intuición clara y distinta”, Descartes), en nuestro tiempo la actitud dominante en el mundo del saber es por el “sentido” de las cosas y los hechos. En este panorama, propongo el estudio de la problemática social sobre el horizonte de la complejidad de los sistemas de pensamiento y su relación con el cuidado de la tierra. Es algo que afecta toda la comprensión del ser humano como tal: como ser social.

A mi entender, la práctica de la fenomenología del conocimiento enriquece más la visión de nuestras acciones, voluntarias e involuntarias, que son la fragua de nuestra historia. Una parte medular, mejor entendida por este camino (de la fenomenología) es el aprender a oír muy atentamente, la escucha interior, a todos los objetos de todas nuestras relaciones: seres humanos o elementos naturales.

En el entramado de esas relaciones, se revela el espacio de las redes sociales. Este portal de intercambio de ideas es una de ellas. Abre la oportunidad de llegar a buscar y compartir más reflexión sobre las muchas visiones de nuestra inquietud por la condición actual del ser humano en el planeta tierra, “nuestra nave espacial”, en frase del gran economista Kenneth Boulding. Para mí, una buena parte de esas inquietudes son un llamado a la estructuración de un saber, tal vez, ansiosamente esperado por muchos: una ecosociología.

Para romper el hielo de la espera y convidar al diálogo, comienzo por proponer algunos pensamientos que son base de mis reflexiones. No puedo calificarlos de axiomas; son simplemente el punto de partida.

La sociología pretende, desde sus comienzos, llegar a ser una plataforma de los saberes acerca de las relaciones de los humanos con su mundo personal y comunitario; es decir, con otros seres humanos y con los elementos naturales que lo rodean. El examen de los textos nos muestra el edificio de esa ciencia: nos encontramos con un hecho inesperado y sobre el cual se ha reflexionado muy poco. La estructura de la teoría sociológica es aparentemente un edificio bien terminado, sin embargo vemos que ha concentrado únicamente en las relaciones entre humanos. Hemos descuidado, los sociólogos, el estudio de nuestras relaciones con el mundo de la naturaleza: sus cambios que en ella ocasionamos, sólo los hemos considerado como una apéndice a esas consideraciones: consecuencias de propuestas (generalmente de búsqueda de bienestar) más o menos exitosas, generalmente cargadas de consecuencias que hemos estado muy lejos de valorar en toda su dimensión.

Parece que hemos olvidado, en buena parte, que todas nuestras relaciones –las relaciones humanas son todas ellas sociales- están doblemente mediatizadas por realidades que nos afectan profundamente. Nuestra relación con otros seres humanos, sabemos que está doblemente mediatizada por nuestra propuesta de relación a otro ser humano, que requiere la construcción de un lenguaje simbólico y la respuesta del otro ser humano (objeto de la relación) y la respectiva traducción de nuestra propuesta, y construcción de su respuesta en su particular lenguaje simbólico. Esta doble mediación distingue nítidamente el saber, que es objeto de las ciencias sociales, respecto a los saberes de la física y otras ciencias de la naturaleza, pero pocas veces, o casi nunca, nos olvidamos de otras mediaciones que se establecen en nuestra relación con el medio ambiente, los elementos de la naturaleza que nos rodean.

Tenemos experiencias, a veces frecuentes, de la acción positiva o negativa del ambiente sobre nuestras relaciones: por ejemplo, en medio de una tormenta y los truenos de descargas eléctricas en las nubes, nuestra voz llega a ser incapaz de romper las barreras del sonido. Así, la propuesta de una relación (hasta una simple charla) con una persona cercana, será imposible que ocurra. La relación intentada se frustra.

Pero, por lo común, ese tipo de experiencias son efímeras y superficiales. Las relaciones más importantes con los elementos de la naturaleza, que son también relaciones humanas por la intención y sentido que las originan, pocas veces llegan a tener nuestra cabal atención y comprensión. Pensemos en las relaciones que se dan en la modificación profunda de los elementos naturales –así como la extracción de minerales-. La mediación de los elementos naturales en nuestras relaciones son también el elemento esencial de una nueva relación; nuestra relación (individual o colectiva) con el elemento mismo de la naturaleza. Usar o modificar un elemento natural es también una relación humana, y eso poco lo consideramos. En efecto, poco se tiene en cuenta que el proceso de “metabolismo humano”, que no es otra cosa que el intercambio de energía, la de nuestros pensamientos e intenciones, combinada con nuestra acción y, muchas veces, la de otros sujetos de la misma relación (en nuestro ejemplo, en la explotación de minerales), implica muchas veces no sólo la modificación parcial de estructuras de ese elemento natural, sino a veces la destrucción misma de su estructura. Esto último, la destrucción de estructuras fundamentales de todo ser, implica en los elementos vivos de la naturaleza su pérdida completa y eso es lo que debemos analiza profundamente al pensar la relación y, más aún, al llevarla a cabo. Esto, usar o modificar un elemento natural, es una relación humana y debe seriamente conocerse y considerarse.

Por tanto, pienso que es algo de gran relevancia, y además algo necesario para el conocimiento mismo de la existencia del ser humano, incorporar el “metabolismo humano” al estudio metódico de las diversas áreas de interés de la sociología: la formación y modificación de los roles del sujeto inteligente en la convivencia humana, la comprensión de las estructuras sociales, las consecuencias y funcionamiento de las relaciones sociales y sus cambios. Una nueva visión más completa del terreno de las ciencias sociales, especialmente en la naturaleza de las relaciones del ser humano.

Dictaduras, Tortura y Terror en América Latina

Autor: Carlos Figueroa Ibarra

Este trabajo pretende examinar el papel del terror, particularmente la práctica de la desaparición forzada y la tortura, en la reproducción de las dictaduras en América Latina. Se parte del criterio de que la violencia aplicada desde el Estado siempre es un fenómeno racional, que no hay dictadura por brutal que sea que no necesite de un mínimo de consenso para perdurar y que tampoco hay terror por avasallante que parezca, que pueda doblegar enteramente a la totalidad de los gobernados.

Artículo completo: Revista Bajo el Volcán

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